En este momento estás viendo «Entre la recesión continua, y el desconecte de la política»

«Entre la recesión continua, y el desconecte de la política»

  • Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:Editorial

El mapa económico de la Argentina presenta dos realidades cada vez más dispares. Mientras los grandes centros urbanos y los indicadores financieros de la macroeconomía se analizan en clave de promedios, localidades como Ceres y su zona de influencia —el departamento San Cristóbal, en el noroeste santafesino— experimentan la cara más cruda y persistente de la recesión. Es la dinámica propia de lo que suele denominarse el interior del interior: un ecosistema golpeado por la escasez de empleo, la paralización del comercio minorista y una escasa radicación de pymes capaces de dinamizar el mercado laboral.

En este contexto, la confirmación del corte de puestos laborales a más de 40 trabajadores de las estaciones de peaje sobre la Ruta Nacional 34 en Ceres y Hersilia funciona como una muestra contundente del deterioro local. No se trata solo de la pérdida directa de esas fuentes de sustento, sino del efecto en cadena sobre una economía regional que ya arrastra un desplome sistemático en las ventas del comercio de cercanía. Cada ingreso que se apaga en la zona se traduce de forma inmediata en menos consumo en la carnicería, el almacén o la farmacia de barrio. Incluso la propia secretaria de desarrollo social manifestó en una entrevista reciente el crecimiento de pedidos por pasajes para tratamientos de enfermedades en personas de mayor edad, o la entrega de modulos alimentarios a familias que solo viven de una changa diaria. La realidad de las decisiones arriba, impactan directamente en gobiernos locales que vienen haciendo malabares para contener el pedido social y asimismo avanzar en obras prioritarias como el caso de la ciudad de Ceres.

Aunque resultaría simplista atribuir la totalidad de la crisis estructural al actual esquema nacional, resulta innegable que la política económica implementada ha actuado como un detonante decisivo en la caída de la actividad real. La contracción del consumo masivo, el enfriamiento del mercado interno y la falta de liquidez en la calle han dejado expuestas a las economías regionales. Cuando la demanda se desploma a escala nacional, las localidades dependientes de servicios, el comercio y la pequeña agroindustria son las primeras en acusar el golpe sin contar con redes de contención financiera.

El abismo entre la agenda política y la realidad social

Mientras el impacto del desempleo y la baja actividad ahogan a la comunidad local, la dirigencia política transita por un carril totalmente ajeno. Las discusiones parlamentarias y las coberturas mediáticas nacionales se concentran en reformas de reglas electorales, internas partidarias o disputas de poder que no resuelven ninguna de las urgencias de los vecinos de la región.

Esta desconexión entre la agenda de los dirigentes y las prioridades de la sociedad queda al descubierto en diversos estudios de opinión pública. Relevamientos de la consultora Opina Argentina evidencian que el principal foco de preocupación de los ciudadanos se concentra en el plano económico —la inflación, la pérdida del poder adquisitivo y el temor al desempleo—, al tiempo que se registra un notable nivel de desinterés y apatía respecto de las discusiones puramente electorales o corporativas de la política.

Un futuro condicionado a respuestas concretas

Ceres y las comunidades vecinas no demandan debates abstractos ni especulaciones de calendario electoral; exigen medidas que reactiven la producción, sostengan los puestos de trabajo y brinden previsibilidad al comercio local. El desafío para las autoridades —en todos sus niveles de gobierno— radica en salir del cortoplacismo y ofrecer soluciones reales a una región que, en el silencio del interior, sigue esperando que las decisiones económicas piensen en la gente.

Martin Farias