Ante el riesgo sanitario por la presencia del insecto vector del Spiroplasma, las primeras estimaciones de la campaña 2026/27 anticipan una caída en la superficie destinada al maíz y una fuerte migración hacia cultivos como la soja y el girasol.
El temor a nuevos brotes de la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis) y la enfermedad del Spiroplasma comenzó a modificar sensiblemente la planificación de los productores agropecuarios en la provincia de Santiago del Estero de cara a la campaña 2026/27.
La incertidumbre respecto al comportamiento de la plaga está impulsando una importante retracción de la superficie destinada al cultivo cerealero en la región del NOA y zonas vecinas, cediendo hectáreas en favor de alternativas como la soja y el girasol.
La dinámica de la plaga y los datos del monitoreo
Según el último informe publicado por la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, durante la primera quincena de agosto se registró una retracción en la población del insecto vector gracias a las bajas temperaturas de la época. Sin embargo, la abundancia registrada en las regiones del NOA, NEA y Centro-Norte del país continúa en niveles sensiblemente superiores a los observados en el mismo período del año 2025.
Los especialistas del sector advierten que, si bien el frío invernal ayuda a desacelerar la reproducción de la chicharrita, el nivel de presencia acumulado mantiene en alerta máxima a los establecimientos rurales.
Estrategias de los productores: rotación y monitoreo continuo
Ante este panorama, la recomendación técnica para los productores de la zona se enfoca en tres ejes prioritarios:
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Eliminación de maíces «guachos»: Resulta clave erradicar las plantas de maíz espontáneas que crecen fuera de época, ya que actúan como refugio y puente verde para que la chicharrita sobreviva al invierno.
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Diversificación de cultivos: Muchos lotes habitualmente maiceros en el mapa santiagueño pasarán a sembrarse con soja y girasol como estrategia para reducir el riesgo financiero y fitosanitario.
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Monitoreo intensivo pre-siembra: Se insta a mantener el seguimiento constante con trampas pegajosas para evaluar la dinámica del vector antes de tomar decisiones sobre la fecha de implantación del cereal.




