Editorial: Mientras nos miramos el ombligo, el COVID hace estragos y desconcierta a todos

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram

El Coronavirus hace estragos. Esta semana murió una persona por día, este sabado fue el más letal de todos los días desde que atravesamos la pandemia. Camas llenas de personas internadas con malos pronósticos, familias enteras aisladas, y otros tantos ceresinos peleando por su vida atados a un respirador artificial.

Mientras tanto, la vida, si esa misma que todos decimos defender, parece que para algunos debe seguir tal cual era, antes de esta aterradora pandemia. No hay formas de que lleguemos a un acuerdo para que todos podamos pelearle al Covid con las únicas armas que tenemos, la prevención, la restricción, y la vacuna.

Hay sectores que el Covid, indirectamente también ya le ha pegado fuerte, y tal vez la vida de ese emprendimiento a estas alturas penda de un hilo. Las restricciones definidas en las últimas semanas no tienen el impacto para las cuales se tomaron. Mayo ya es el peor mes de la pandemia, por lo menos en la ciudad de Ceres. Los casos están disparados, las muertes ya se cuentan por día, y no hay una brújula a la que plegarse para evitar que la catástrofe siga llevándose a muchos.

No hay soluciones para nadie, la política no ha encontrado la forma de frenar este descontrol, no lo hace ni económicamente ni sanitariamente.  Saben que tomar decisiones severas puede costar caro en las urnas. Mientras se miran el ombligo, el coronavirus no perdona. No da treguas. Tal vez el foco sean las reuniones sociales, el índice más alto de contagios se han producido por ese tipo de eventos. Pero nadie puede hacer nada para contenerlos. Se apela a las restricciones horarias, que nadie pueda transitar en sus vehículos después de las 21 hs, pero por la tarde reina una total libertad de hacer lo que uno quiera, incluso con más desparpajo que de noche. En este desconcierto mueren personas, se multiplican contagios, y emprendedores se funden. Algo, claramente no se está haciendo bien. La culpabilidad es del coronavirus, pero una buena porción del resto, todavía niega que todo esto sea real, habla de que todo debe seguir, y niega a atarse a las estadísticas. Para muchos, esto se soluciona con conciencia social, pero ¿solo con eso alcanza?-

Tal vez no, hay que tomar decisiones mucho más allá de lo que la ciudadanía deba aportar, no es necesario aclarar que nadie puede guardarse en cuatro paredes, y subsistir de ese modo. Hay que encontrar la manera uniforme de que se conviva con la situación extrema, sin llegar a los extremos. ¿Pero hay voluntad de quienes deben marcar el rumbo? Considero claramente que no. De arriba hacia abajo de la escalera todos incumplen sus promesas. No hay vacunas suficientes, no hay fondos disponibles, no hay autoridad de aplicación, y otros carecen de «voluntad» solo por estar opuestos a las decisiones. Mientras este desconcierto de la política toda continúe, seguiremos sumando muertos, fundidos, y contagiados. El ciudadano debe cuidarse, debe acatar, pero para eso debe haber una línea clara, y acá no la hay. Lejisimo esta de verse. Y mientras las culpas son siempre del otro, el coronavirus no detiene su embate mortal.

En todas las provincias, vemos protestas, vemos descontrol, y también vemos enfermos de tristeza y depresión. No es un cuadro para saltearse y poner en la agenda otra cuestión más que la pandemia. Pero como en todo año político, los protagonistas seguirán su agenda, no importa lo que pase en el entorno. El premio tal vez será una victoria electoral, y demostrar quien la tiene más grande, la cuestión será a que precio se logrará ese triunfo.

MARTIN FARIAS