La Casa Rosada buscó tentar a los gobernadores aliados permitiendo listas colectoras para destrabar la reforma electoral. Sin embargo, la estrategia generó rechazo en la oposición y fuertes cortocircuitos dentro del propio gabinete.
El ambicioso plan del Poder Ejecutivo para modificar el sistema electoral argentino de cara a los próximos comicios se encuentra estancado. Según confirmaron fuentes parlamentarias, el oficialismo no cuenta actualmente con el número de votos necesarios en el Senado de la Nación para avanzar con la eliminación de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), el principal objetivo planteado bajo la bandera de la «reducción del gasto público».
Ante la falta de consenso, una facción de los negociadores de la Casa Rosada intentó poner sobre la mesa una polémica moneda de cambio orientada a seducir a los mandatarios provinciales: la habilitación de listas colectoras por distrito. El uso de esta herramienta permitiría que múltiples boletas de candidatos locales «enganchen» sus tramos a una misma fórmula nacional.
Sin embargo, la jugada no solo provocó el rápido distanciamiento de los bloques aliados, sino que también desnudó profundas dudas e internas dentro del propio oficialismo, ya que las listas colectoras han sido históricamente un mecanismo muy criticado por las mismas fuerzas que hoy componen la coalición de gobierno.
Cortocircuitos en el Gabinete y críticas de Patricia Bullrich
El debate en torno a las colectoras no tardó en hacer mella hacia el interior del equipo gubernamental. La propia ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, explicitó las contradicciones oficiales al admitir públicamente que la implementación de este formato electoral significaría «un retroceso» y enfatizó que, a nivel personal, «no le gustan».
Si bien horas más tarde la funcionaria matizó sus dichos argumentando que «aunque no gusten, no encontramos un sistema mejor», el cortocircuito dejó expuesto que el Gobierno no posee un criterio unificado para defender la reforma.
Las alternativas bajo análisis
Con el proyecto original al borde del naufragio en la Cámara Alta, el Palacio de Gobierno empezó a barajar un abanico de opciones intermedias de cara a las negociaciones por el Presupuesto:
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PASO optativas: Que las primarias dejen de ser obligatorias tanto para los ciudadanos como para los partidos.
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Apertura electoral: Que las elecciones no se cierren exclusivamente a los afiliados de cada espacio político.
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Financiamiento escalonado: Mantener el aporte económico del Estado pero con un esquema que se vaya licuando progresivamente con el correr del tiempo.
A medida que los plazos legislativos se acortan, la oposición mira de reojo los movimientos de Balcarce 50. Por el momento, los gobernadores y los bloques dialoguistas prefieren mantenerse al margen de un cambio de reglas que, lejos de simplificar el panorama, amenaza con complejizar la ingeniería electoral de las provincias.




