El «Tortu» Deck, el chico que jugó en CCAO; y ahora es noticia por su pase a la NBA

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram

La vida de Gabriel Deck ha sido vertiginosa, pero él nunca modificó su esenciaFirmará en las próximas horas por tres años con Oklahoma City Thunder y será el segundo argentino activo en la NBA junto a Facundo Campazzo, pero aun jugando en esa glamorosa liga, viajando en aviones privados y con las mayores comodidades que un deportista puede disfrutar, seguirá siendo el muchacho que disfrutará como ninguna otra cosa el volver a Colonia Dora, Santiago del Estero, y comer un guiso o un asado con la familia.

Mientras se criaba en su provincia natal, Deck veía de reojo al básquetbol. El fútbol lo atraía muchísimo más. Hasta que el hermano le hizo conocer la pelota naranja. «Entre mi papá y un vecino transformaron un volante de un tractor viejo en un aro y nos pusimos a jugar todas las tardes, porque a la mañana iba al colegio y después nos obligaban a dormir la siesta por las altas temperaturas”, le contaba Gaby Clarín en 2018.

Aquel adolescente que se forjó entre los siete mil y pico de habitantes de un pueblo ubicado a poco más de 150 kilómetros de Santiago del Estero, es hoy es el 14° argentino en la NBA.

Gabriel Deck con el premio al MVP de la Liga de las Américas 2018. Dominó el continente. Foto Marcelo Figueras

Gabriel Deck con el premio al MVP de la Liga de las Américas 2018. Dominó el continente. Foto Marcelo Figueras

Mientras vivió en Colonia Dora, jugó para el club Bartolomé Mitre hasta los 13 años. A esa edad tuvo que armar las valijas y salir por primera vez de su pueblo. “Irme de Colonia Dora a Santiago capital fue el sacrificio más grande que hice. Tuve que dejar a toda mi familia y a mis amigos. En el colegio me iba bien cuando era chico, hasta que me fui a la capital y lo descuidé un poco. Cuando uno empieza a ser profesional, tiene que dejar muchas cosas de lado porque es lo que uno elige”, explicaba en la charla con este diario.

Más tarde, cuando firmó con Real Madrid, repasaba en una nueva entrevista aquellas pequeñas pero valiosas cosas que recordaba del camino recorrido: «Uno se acuerda de cuando trabajaba allá en Santiago, en la alfalfa o limpiando colectivos. Mi carrera es cortita hasta ahora, pero es asombroso cómo me pasaron muchas cosas rápidamente. Por eso creo que estar en el lugar que estoy y disfrutarlo después de todo lo que pasé, es una bendición de Dios».

El primer choque que vivió fue cambiar un pueblo por una ciudad al llegar a Quimsa, uno de los equipos más importantes de Santiago del Estero. “La transición fue difícil al principio. Yo era un chico de pueblo y costó salir a la ciudad -confesaba-. Por suerte en Quimsa me recibieron muy bien y pude hacer grandes amigos. Me hicieron sentir como en mi casa”.

Cuando este adolescente llegó a la pensión del club, nació enseguida el apodo que lleva y hasta incluso tiene tatuado: «Tortu«. “El apodo Tortuga me lo puso un amigo de Santiago del Estero cuando fui a Quimsa, porque yo estaba tapado con una sábana y mostraba nada más los ojos. Entonces él decía: «Mirá a la tortuga» y ahí quedó -contaba-. Eso derivó en que me hiciera el tatuaje de la tortuga. Incluso mi abuela me dice así”.

Gabriel Deck se convirtió en pieza clave de la Selección argentina de básquetbol. Foto REUTERS/Kim Kyung-Hoon

Gabriel Deck se convirtió en pieza clave de la Selección argentina de básquetbol. Foto REUTERS/Kim Kyung-Hoon

No es sencillo para un joven estar lejos de su familia, más aún si a pesar de la distancia mantiene un fuerte vínculo. Eso le pasó a Deck con tanta fuerza que hasta estuvo a punto de abandonar el básquetbol. “Varias veces me ha pasado de querer dejar todo por estar lejos. De hecho, estando acá en Buenos Aires también -confesó-. Pero creo que es parte del trabajo. Ahí es cuando uno tiene que ponerse a pensar y seguir adelante con los sueños y objetivos que tiene”.

Aunque lo separen más de 10.000 kilómetros de su familia, el contacto con ellos es diario. “Siempre me comunico con mis papás, mis abuelos, mis tíos… Los llamo, pero obviamente a veces es todo muy difícil. Por suerte hoy con la tecnología puedo estar más cerca de ellos virtualmente”, relató entonces.

De todos modos, siempre que puede, viaja hacia allá. “Cuando voy trato de quedarme quince días. Me encanta visitarlos, me hace bien y cada vez que hay un tiempito trato de irme, así sea un día y medio o dos”, resumía su sentir.

El crecimiento de Deck en los últimos años ha sido abrumador. Ganó la Liga Nacional con Quimsa en 2015 y con San Lorenzo se llevó otras dos en 2017 y 2018. En Boedo también conquistó la Liga de las Américas. Con el Real Madrid, en tanto, acumuló tres Supercopas de España, una Liga ACB (2019) y una Copa del Rey (2020).

A pesar de su ascenso vertiginoso, no se mareó: “Mi familia es mi cable a tierra. Siempre me mantienen con los pies en el piso. Además, mi personalidad es así. Nunca me he mareado gracias a Dios y creo que nunca voy a hacerlo, porque al fin y al cabo después esto va a pasar. El básquetbol se va a terminar y lo que va a quedar será mi persona”.

El gran dolor de Deck: la derrota en la final del Mundial 2019 ante España. Foto WANG ZHAO / AFP

El gran dolor de Deck: la derrota en la final del Mundial 2019 ante España. Foto WANG ZHAO / AFP

Además de ser familiero, está en constante contacto con sus amigos de la infancia, a los que nunca abandonó. “Cada vez que voy para mi pueblo nos juntamos o cada vez que ellos vienen a Buenos Aires, me visitan. Comemos, charlamos, escuchamos música y nos ponemos al día”, afirmaba para hacer hincapié en su necesidad de afecto.

Cuando era nombrado como candidato a los distintos drafts que fueron pasando, aunque no fuese finalmente elegido, él decía, con su tranquilidad habitual: “Es una alegría enorme que a uno lo nombren como posibilidad para el draftQue te esté mirando la gente de la NBA es un orgullo. Eso te motiva a seguir trabajando, pero lo tomé con mucha tranquilidad”, asegura.

Desde su llegada al básquetbol profesional, Tortu tuvo un crecimiento exponencial. Lo disfruta, claro. Pero siempre supo que debía permanecer centrado. «En ningún momento me lo hubiera imaginado -admite-. Creo que se dio todo muy rápido y todavía soy muy joven. Tuve la suerte de que me han salido bien las cosas. No hay que bajar los brazos. Uno nunca deja de aprender y a mí todavía me faltan muchísimas cosas por aprender”.

Con información de Clarin

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram