Editorial: La incomodidad de correr detrás, por una interna feroz

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El alivio será, que no habrá PASO para el justicialismo ceresino. Pero el resto será navegar en el mar de las «internas». No pudo concretarse la unidad en la provincia, y eso se traspoló a la ciudad. 

El «Peronismo» jamás fue de unirse por unirse. Incluso dividido no deja de ser una fuerza política de cuidado, principlamente si su rol es pararse en la vereda de la oposición. En Ceres, el Justicialismo trasunta ese camino de conversión y reconversión, pero será una, jamás podrán ser las dos.

Mientras el partido opositor se reordena en medio del caos provincial, y los pases de factura, en el ámbito local se estructura la campaña. Primero tendrán que confiar en la «bala de plata» que será la PASO nacional. Dos caminos, y un rumbo indefinido, en una provincia que de ganar Juntos por el Cambio, comenzará otra etapa, aún más instrospectiva. 

El Justicialismo en cada distrito donde presenta candidatos, buscará salir ileso. Ganará muchas comunas que ya gobiernan, incluso aun con las fotos de Juan Domingo y Evita. Pero perderán muchas otras, donde el electorado le es hostil desde hace rato. En Ceres no será muy distinto a ese panorama. Aunque acá se está lejos de responder a los cuadros o canones impuestos por Peron y Eva Duarte, intentarán que si hay una derrota electoral, esa derrota no sea el punto final para quienes sean precandidatos o al fin y al cabo, el proyecto político opositor al 2023. 

Se sabe que gane quien gane esa batalla en el Justicialismo, se seguirá siendo oposición hasta el 2023. El debate interno del PJ, y la autocritica que se debió hacer en algún momento y no se hizo, dejaron esa grieta que no se pudo cerrar. Las dos propuestas políticas que puso a disposición del electorado ceresino, aún carecen de formas, pero peor aún, hasta un dejo de rencor persiste tras aquella derrota de 2019.

Giovannini y Buquets dirimen quien será el constructor de la propuesta electoral local para el 2023. El que gane sigue, el que pierda, deberá respetar aquello de que el «que pierde acompaña», algo que en el Justicialismo nunca existió. Si nunca existió, es poco probable que el aceite y el agua se amalgamen en esta oportunidad.

En primera medida, ambas lineas deberán tomar como testeo la PASO del 12 de septiembre. Giovannini tendrá que asegurar una victoria Justicialista con Lewandosky y Mirabella, Busquets la de Rossi y Tonnioli. El que logre salir victorioso en esta primera contienda, tendrá fuertes chances de poder ser la mejor opción opositora, de la general de noviembre. 

En el PJ hay varios análisis, primero el que todos conocen, «en ninguna encuesta superan a un candidato del Gobierno de Dupouy», segundo, «si Dupouy hace ganar a Pullaro por lejos en la PASO» la chance de poder encontrar recursos de campaña para noviembre serán escasos. Esos rasgos incomodan. Nadie se «banca» perder por lejos, cuando están en juego los fondos económicos para hacer una campaña dando alguna «ayudita» para conseguir el voto. Por eso, para poder preservar que Juntos por el Cambio no pasee en la PASO; el enfoque primario será el de salir a «quebrar» con el libro de historia, y hablar de Macri, y otros viejos componentes de Cambiemos para evitar la catástrofe electoral. 

En algún pasillo perdido, algún viejo peronista ceresino confesó, «si iríamos todos juntos tendríamos otra chance, no tengo dudas». Pero antes de salir del pasillo miró hacia atrás y volvió a expresar, «adonde se fueron todos esos que se decian parte del proyecto». Esos, a los que hace referencía el peronista, ya no están; la grieta terminó de diluir las expectativas de victorias seguras, y recursos para desparramar a discreción. Es la dinámica de la política, esa que a muchos, aun les cuesta entender. 

 

 

 

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