El cierre de 2025 encontró a la ciudad de Ceres atravesando un proceso de transición que dejó marcas visibles en áreas sensibles de la vida cotidiana. No fue un año sencillo, claro está. Tampoco fue un año estático. Entre decisiones políticas, cambios de conducción, limitaciones económicas y demandas sociales persistentes, la comunidad fue testigo de movimientos que, en mayor o menor medida, redefinieron prioridades y abrieron interrogantes hacia el futuro inmediato.
Podríamos ponernos más finos en los análisis, punto por punto de lo sucedido en 2025, pero sintetizamos que uno de los ejes más observados durante el año fue la seguridad, una preocupación constante para los vecinos. La asunción de Ángel Alonso como nuevo jefe de la Comisaría Segunda marcó un punto de inflexión en la estrategia local. Su llegada estuvo acompañada por un mensaje claro: mayor presencia policial, reorganización interna y un intento de recomponer el vínculo entre la fuerza y la comunidad. Si bien los resultados no resolvieron de manera definitiva los problemas estructurales, sí se percibió un cambio de dinámica, con respuestas más rápidas y una mayor visibilidad del accionar policial. Dupouy tuvo que gestionar personalmente estos cambios, porque la seguridad sigue siendo un desafío abierto, pero el rumbo adoptado dejó señales de una búsqueda distinta.
En materia de salud, 2025 expuso con crudeza las limitaciones del sistema, pero también la voluntad de avanzar. El Hospital Miguel Lifschitz fue centro de reclamos tras la muerte de Jairo, acompañando el pedido de justicia, y que también se hagan esfuerzos por mejorar la atención. La falta de recursos humanos, la sobrecarga de personal y la demanda creciente pusieron en tensión el funcionamiento cotidiano. Hubo deserciones y salidas en medio de fuertes disputas internas. Sin embargo, se intentó dar respuestas más concretas, ordenar servicios y sostener prestaciones básicas en un contexto adverso. La salud pública volvió a demostrar que no admite improvisaciones y que requiere planificación sostenida, algo que seguirá siendo clave en los próximos años dentro de un nosocomio neurálgico en el sistema de salud provincial.
El escenario político municipal también atravesó un período de reconfiguración. La intendenta Alejandra Dupouy tomó decisiones fuertes que derivaron en cambios dentro de su gabinete, con la salida de figuras relevantes de su equipo político. Estas modificaciones no pasaron desapercibidas y marcaron un momento de revisión interna de la gestión. En un contexto complejo, los movimientos en el gabinete reflejaron la necesidad de ajustar rumbos, redefinir roles y sostener gobernabilidad en medio de un escenario económico cada vez más restrictivo.
Justamente, la situación económica fue uno de los condicionantes centrales del año. La caída de ingresos, el aumento de costos y la incertidumbre general obligaron al municipio a redefinir obras y postergar proyectos que estaban previstos para ejecutarse en 2025. Algunas iniciativas quedaron en pausa, con la mirada puesta en 2026, a la espera de mejores condiciones financieras. La propia mandataria hace pocos dias, citó al gobierno provincial como su principal sostén para concretar obras postergadas por décadas en esta ciudad. Se advierten desafíos centrales como administrar con menos recursos y priorizar lo urgente por sobre lo deseable.
En este marco, la gestión diaria que en 2025 se volvió un ejercicio permanente de equilibrio. Mantener servicios, responder a las demandas sociales y sostener la estructura municipal será un desafío constante en el año que ya está en curso.
El balance de 2025 no admite lecturas simplistas, está lejos de eso. Fue un año de cambios visibles, de ajustes necesarios y de decisiones difíciles en un contexto nacional y provincial que puso a pruebas a los mandatarios locales y a sus contribuyentes. No todos los problemas encontraron solución, pero sí quedaron planteados los debates centrales que Ceres deberá enfrentar en el corto y mediano plazo: seguridad, salud, desarrollo y gestión responsable de los recursos.
La ciudad enfrentará el desafío de transformar las correcciones de rumbo en políticas sostenidas, y las promesas en hechos concretos. El año que terminó dejó enseñanzas claras: gobernar en tiempos complejos exige firmeza, diálogo y una lectura honesta de la realidad. Imposible retroceder, pero habrá que ir con el acelerador regulando, será un 2026 sin contiendas electorales en las urnas, pero no por eso será un año a observar desde todos los estratos.
MARTIN FARIAS





