Burbujas escolares: entre el cuidado sanitario y la desigualdad

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La mejora sostenida en los indicadores sanitarios durante las últimas semanas permitió que muchas actividades en la provincia recuperaran su funcionamiento casi habitual. Con aforos limitados, volvieron a abrir cines, teatros, shoppings, casinos, gimnasios y peloteros. La actividad educativa recuperó en ese contexto algunas prácticas, pero no logró superar el sistema bimodal. Se completó la jornada escolar en las aulas y retornó, por ejemplo, a la semipresencialidad el nivel terciario. Sin embargo, el concepto de «burbujas» sigue predominando en las escuelas públicas y privadas. Con una salvedad; en ocasión de anunciar las últimas medidas de convivencia con la pandemia, la provincia dejó a criterio de los propios establecimientos educativos la posibilidad de tener presencialidad plena. Desde entonces, la realidad comenzó a dibujarse de manera dispar: retomaron la actividad presencial plena escuelas públicas de baja matrícula, escuelas privadas con instalaciones amplias, escuelas públicas y privadas para algunos grados, y escuelas rurales y de pequeñas localidades que ya venían con esa modalidad.

 

La situación inquietó a padres y madres que sintieron vulnerados los derechos de los niños y niñas que no pueden acceder a la presencialidad completa; en algunos casos, enviaron notas a los establecimientos y hasta el propio Ministerio para reclamar que se instrumente un criterio más igualitario. Consideran que es contradictoria esa restricción, cuando ya fueron habilitados otros ámbitos de múltiples concurrencia. Y sostienen que esa disparidad profundiza más aún la brecha que ya había comenzado a forjarse cuando la enseñanza era completamente virtual, y se dependía de la conectividad.

La ministra de Educación, Adriana Cantero, dijo que esperan cuanto antes poder autorizar la presencialidad en todas las escuelas, pero aclaró que son «rehenes» de otras decisiones que se toman en materia sanitaria. Asimismo, negó que lo dispuesto implique una situación de desigualdad.

– ¿Que las escuelas decidan si se sostiene o no el sistema de burbujas, no está generando una nueva brecha?

– No considero que esta situación genere una brecha porque aun en la bimodalidad, los chicos tienen que tener actividad escolar los días que no van a la escuela. Sabemos que no es lo mismo pero la continuidad de la propuesta de la enseñanza hay que asegurarla. Nosotros no podemos cambiar el dispositivo hasta que Salud no lo indique. Cuando Salud establezca que el distanciamiento ya no es un requisito de la convivencia social, entonces estaremos en condiciones todos de volver. Pero en el mientras tanto, lo que vamos haciendo es habilitar a aquellos que realmente se pueden organizar con los niños en sus espacios, manteniendo el distanciamiento social, ahora que también ha habido un aprendizaje de la organización de la escuela, para que puedan ir recuperando más días de clases. Pero la condición siempre en este formato es mantener el distanciamiento, tener en cuenta los controles, lavado de manos frecuente y ventilación constante más barbijo, que son los pilares de la presencialidad plena. Hasta que Salud no indique que el distanciamiento social se puede eliminar del dispositivo, no vamos a poder dar otra indicación desde Educación.

– ¿Son rehenes de esa decisión o situación sanitaria?

– Tal cual; estamos pendientes de un dispositivo que es sanitario.
– ¿No es contradictorio que haya actividades habilitadas con la participación de decenas de niños, como los peloteros, y no las escuelas donde el personal docente está vacunado y el alumnado, incluso, ya ha incorporado todos los hábitos que hacen al protocolo sanitario?

– En la escuela uno tiene esta otra complejidad; por un lado, que la actividad es diaria, no es ocasional. Es todos los días, es por un tiempo prolongado porque estamos ya con la jornada escolar completa de más de cuatro horas. Y por otro lado es una actividad obligatoria, es decir que van los que quieren y los no quieren, los que tienen miedo y los que no; todos tienen que adherir. En cambio, en las otras actividades, los padres pueden elegir llevarlos o no. Si aun se tiene resguardo, se puede elegir. Entonces, tenemos que mirar el todo, y no es tan sencillo. Si digo que tenemos casi un millón de alumnos, imaginemos la cantidad de familias que también están involucradas en esto. De esta forma, en los dispositivos educativos aprobados en el Consejo Federal prima la decisión de Salud porque estamos en una pandemia.

 

– ¿Para que el sistema de burbujas desaparezca necesitan un aval del Consejo Federal de Educación?

– Más que aval, porque el Consejo es una reunión de ministros, se trata de una decisión que implique un cambio en el dispositivo de salud; cuando eso cambie, seguramente nos vamos a reunir de inmediato para modificar también el dispositivo escolar. Todos estamos expectantes de cuándo vamos a poder recuperar presencialidad todos los días.

 

– ¿Precisamente, qué estiman en cuanto a tiempos?

 

– Todos estamos teniendo muchas expectativas con el avance de la vacunación, con el control del ingreso de otras cepas que por ahora se viene manejando bien… Tenemos muchas expectativas, pero todo lo que nosotros vamos decidiendo en cuanto al modo de habitar el espacio escolar está condicionado por el dispositivo sanitario.

 

– ¿La aspiración es que el último trimestre del año sea con todas clases presenciales?

 

– ¡Ojalá, si! Nosotros tenemos esa aspiración. Nadie más expectante que el propio Ministerio de Educación de recuperar la presencialidad plena, aunque a veces esto no se entienda. Somos los más interesados; hemos tenido que diseñar estrategias inéditas para poder sostener la escolaridad en este tiempo, pero estamos esperando ese aval del Consejo Federal de Salud. Cuando allí se decida que es posible eliminar el distanciamiento en el aula, al día siguiente nosotros estaríamos modificando el dispositivo que tenemos.

Ivana Fux para El Litoral

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