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Adiós al mito: Murió el Indio Solari, la voz eterna de Los Redonditos de Ricota

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El legendario cantante falleció a los 77 años en su casa de Parque Leloir. Afectado por la enfermedad de Parkinson, se había alejado de los escenarios en 2017 pero continuó activo en su faceta creativa hasta sus últimos días. Profundo dolor y conmoción en la cultura popular argentina.

La mañana de este viernes 5 de junio de 2026 quedará marcada en la historia de la música argentina como el día en que se apagó el último gran fuego del rock nacional. Carlos Alberto “El Indio” Solari, el mítico exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, falleció a los 77 años en su residencia de Parque Leloir, en la localidad bonaerense de Ituzaingó. La noticia generó una inmediata ola de conmoción y dolor que trascendió las fronteras del rock, impactando de lleno en la cultura popular del país.

Según se pudo saber, y siguiendo las disposiciones protocolares de la Justicia, se realizará una autopsia para dejar firmemente establecido el causal de muerte tras ser hallado en su domicilio. La salud del artista venía siendo el centro de atención de sus seguidores desde que en marzo de 2016, durante un histórico recital en Tandil, revelara públicamente el diagnóstico que cambiaría el rumbo de sus presentaciones. En aquella masiva convocatoria, el Indio se sinceró ante su público con una frase que resonará por siempre: “El Parkinson me anda pisando los talones”.

El nacimiento y la mística del mito ricotero

Nacido el 17 de enero de 1949 en Paraná, Entre Ríos, y criado en La Plata, Solari construyó a lo largo de las décadas un magnetismo singular basado en su poesía críptica, su postura contracultural y una esquiva relación con las lógicas de los medios tradicionales de comunicación.

Junto al guitarrista Skay Beilinson fundó Los Redondos en 1975 en la ciudad de La Plata. Bajo las banderas de la independencia artística absoluta y la autogestión, la banda edificó un fenómeno de masas inédito en el mundo. Álbumes emblemáticos como Oktubre, Un baión para el ojo idiota, ¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado y Luzbelito no solo redefinieron el sonido del rock local, sino que convirtieron sus recitales en verdaderas «misas» colectivas. Tras lanzar nueve discos de estudio, la banda se disolvió en 2001, dejando una herida abierta en el corazón de sus fieles.

La etapa solista y el refugio en el estudio

Tras un período de silencio, Solari regresó con fuerza en 2004 al frente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, inaugurando su etapa solista con el lanzamiento de El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel). A esta obra le siguieron los discos Porco Rex (2007), El perfume de la tempestad (2010) y Pajaritos, bravos muchachitos (2013). Su último gran testamento de estudio bajo esta formación fue El ruiseñor, el amor y la muerte, editado en 2018.

Su última misa presencial sobre los escenarios tuvo lugar en Olavarría en 2017, en una jornada masiva y compleja que dejó en evidencia la desmesurada escala de su convocatoria popular. A partir de allí, el avance progresivo del Parkinson modificó drásticamente su rutina. Aunque en 2020 recurrió a la tecnología para aparecer de manera virtual mediante técnicas holográficas en un show de su banda, el desenlace era inevitable: en 2023, el Indio confirmó su retiro definitivo de los escenarios en vivo.

Lejos de los focos pero nunca inactivo, Solari se recluyó en su búnker de Parque Leloir para abocarse a la escritura de libros, grabaciones de estudio y colaboraciones. Su última aparición pública databa de enero pasado, cuando envió un mensaje de agradecimiento al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

«Buen viaje, amigo»: las repercusiones de un adiós histórico

Apenas confirmada la noticia, las redes sociales se transformaron en un obituario urgente y masivo. Políticos, artistas, referentes sociales y clubes de fútbol manifestaron su pesar por la pérdida de quien convirtió canciones en banderas de resistencia cultural.

Sin embargo, el mensaje más esperado y emocionante de la jornada llegó de parte de su histórico socio creativo y compadre en Los Redondos, Skay Beilinson, con quien mantuvo un distanciamiento de años tras la separación del grupo. Skay eligió sus redes para sellar la paz definitiva y despedirlo con una breve pero profunda frase: “Buen viaje, amigo”. A la par, otras piezas fundamentales de la identidad visual y rítmica ricotera, como el ilustrador Rocambole y el baterista Walter Sidotti, sumaron sus condolencias públicas para recordar al hombre que le dio voz a los dolores y las alegrías de varias generaciones.

Con su partida física, se cierra la página más dorada, enigmática e influyente del rock en español. Comienza, ahora sí, la inmortalidad definitiva del mito.