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El futuro llegó: Monopatines eléctricos, como se regula su uso en Ceres?

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Por estos años, las ciudades argentinas comenzaron a convivir con una nueva escena: jóvenes —y cada vez más adultos— desplazándose sobre monopatines eléctricos. Lo que nació como una curiosidad tecnológica hoy se consolida como una alternativa real de movilidad. Pero, como suele ocurrir en la Argentina, la innovación llegó más rápido que las reglas. Ceres no es la excepción. En los últimos meses son muchos los niños y adolescentes que han elegido por moda, o por comodidad movilizarse por calles asfaltadas con este nuevo medio de traslado. Claro que la pregunta surge sola, y plantea varios interrogantes. ¿Quiénes pueden manejarlos, deben tener seguro contra todo riesgo, o alcanza solo con el de terceros, se debe usar casco, desde la policía municipal, se trabajo en su preparación para informar a sus usuarios de las ventajas pero principalmente de las desventajas que puede provocar su uso en las calles de la ciudad?.- Muchas preguntas, pocas respuestas.

Un vehículo que “llegó para quedarse”

Los monopatines eléctricos forman parte de lo que se denomina “micromovilidad”: medios individuales, ágiles y de bajo impacto ambiental. Su crecimiento se aceleró especialmente después de la pandemia, cuando muchas personas buscaron evitar el transporte público y optar por alternativas más económicas y rápidas.

Lejos de ser un juguete, hoy cumplen una función concreta: resolver traslados cortos en zonas urbanas. De hecho, su uso no se limita a adolescentes; predominan jóvenes y adultos que los utilizan como herramienta cotidiana de movilidad.

La mirada legal en la Argentina

Durante años, estos vehículos no estuvieron contemplados en la legislación nacional. La Ley Nacional de Tránsito no los incluía, lo que generó un vacío legal evidente.

Recién en 2020, la Agencia Nacional de Seguridad Vial avanzó en una regulación básica que establece:

Circulación solo en calles y avenidas urbanas
Velocidad máxima de 30 km/h
Uso obligatorio de casco
Prohibición para menores de 16 años
Un solo conductor por vehículo
Obligación de luces y sistema de frenos

Además, muchas ciudades (como Buenos Aires, Rosario o Córdoba) avanzaron con normativas propias, incorporando carriles específicos, límites de velocidad y reglas de convivencia con peatones.

Sin embargo, el problema persiste: no hay una aplicación uniforme en todo el país. Cada municipio decide cómo —y si— regula su uso.

¿Quiénes los usan? ¿Niños o adultos?

Existe una percepción instalada: que el monopatín es un juguete de chicos. La realidad es más compleja.

La normativa ya marca una diferencia clara: los menores de 16 años no deberían utilizarlos en la vía pública.

Y en la práctica, el perfil del usuario es mayoritariamente adulto joven. Personas que lo usan para ir al trabajo, hacer trámites o moverse dentro de la ciudad. Los niños aparecen, sí, pero más vinculados al uso recreativo —y muchas veces fuera de cualquier control o normativa—.

Ahí es donde aparece el principal riesgo: la mezcla entre vehículo y juguete.

El desafío de las ciudades intermedias: el caso Ceres

En grandes ciudades, el problema ya está en agenda. Pero en localidades como Ceres, en la provincia de Santa Fe, el fenómeno avanza sin planificación. Y eso abre una oportunidad: regular antes de que el problema explote.

¿Qué debería hacer una ciudad como Ceres?

1. Dictar una ordenanza clara
No alcanza con adherir a normas nacionales. Hace falta una regulación local que defina dónde pueden circular, a qué velocidad y bajo qué condiciones.

2. Prohibir el uso en veredas
El peatón debe ser prioridad. La convivencia sin reglas es una fuente directa de accidentes.

3. Crear espacios seguros
No necesariamente grandes ciclovías, pero sí sectores delimitados o calles de baja velocidad donde estos vehículos puedan circular con menor riesgo.

4. Exigir elementos de seguridad
Casco, luces y señalización no deberían ser opcionales.

5. Campañas de concientización
El problema no es el monopatín, sino su uso irresponsable. Educar es tan importante como sancionar.

6. Control real, no simbólico
Sin presencia del Estado, cualquier norma queda en letra muerta.

Entre el futuro y la improvisación

Los monopatines eléctricos no son una moda pasajera. Son parte de una transformación más amplia en la forma de movernos. Ignorarlos sería un error; sobrerregularlos, también.

El verdadero desafío está en el equilibrio: integrar esta nueva movilidad sin poner en riesgo a peatones ni conductores. Porque en definitiva, el problema no es el monopatín. El problema —como tantas veces— es la falta de planificación. Y ahí, ciudades como la nuestra todavía están a tiempo de hacer las cosas bien.

Martin Farias